REVELACIÓN DIVINA DEL INFIERNO
Por: Kathryn Baxter. Tennessee USA
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Lee lo que está detrás de cada imagen. Te revelará cosas grandes que Dios quiere decirte y conozcas. |
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La pierna derecha del infierno Por: Kathryn Baxter. Tennessee USA Este documento lo recibes por Cortesía de www.panamae.com El portal de Bendición de Panamá. Transformando Vidas en el Mundo Desde la noche anterior cuando estuve en el infierno no he podido dormir ni comer. Cada día revivo el infierno. Cuando cerraba mis ojos todo lo que podía ver era el infierno. Mis oídos no podían dejar de escuchar los gritos de los condenados. Así como un programa de televisión, yo revivía una y otra vez todas las cosas que había visto en el infierno. Todas las noches estaba en el infierno, y de día, trabajaba para encontrar las palabras correctas para explicarle estas cosas tan terribles al mundo. Jesús se me apareció otra vez y me dijo, “Esta noche vamos a entrar en la pierna derecha del infierno, mi hija. No tengas temor, pues yo te amo y estoy contigo.” El rostro del Señor estaba triste, y sus ojos estaban llenos de mucha ternura y un profundo amor. Aunque los que estaban en el infierno estaban perdidos para siempre, yo sabía que El todavía los amaba y los seguiría amando por toda la eternidad. “Mi hija,” el dijo, “Dios, nuestro Padre, le ha dado a cada uno de nosotros una voluntad para que escojamos de servirle a El o a satanás. Sabes, Dios no hizo el infierno para su pueblo. Satanás engaña a muchos para que le sigan, pero el infierno fue hecho para satanás y sus ángeles. No es mi deseo, ni el deseo de mi Padre, que alguien perezca.” Lágrimas de compasión corrían por las mejillas de Jesús. El comenzó a hablarme otra vez, “Acuérdate de mis palabras, en los días por venir, mientras te enseño el infierno. Yo tengo todo poder en el cielo y en la tierra. Habrá tiempos cuando te sentirás como que te he abandonado, pero no es así. En ocasiones seremos vistos por las fuerzas malignas, y las almas perdidas, mientras que en otras ocasiones nadie nos vera. No importa a donde vayamos, ten paz y no temas en seguirme.” Salimos juntos. Yo lo seguí de cerca y lloraba. Durante días había estado llorando, y no podía deshacerme de la presencia del infierno que estaba siempre delante de mi. En mi interior yo lloraba. Mi espíritu estaba muy triste. Llegamos a la pierna derecha del infierno. Mirando hacia adelante, yo ví que estábamos en un camino seco y quemado. El aire sucio estaba lleno de gritos y un olor a muerte estaba por doquier. El olor era a veces tan repugnante que me enfermaba el estómago. Había oscuridad en todos los lugares a excepción de la luz que emanaba del rostro de Jesucristo y de las fosas de fuego, que se veían en todas partes de ese lugar hasta donde alcanzaba nuestra vista. De pronto, delante de nosotros comenzaron a pasar demonios de toda clase. Algunos diablillos retrillaban sus dientes al pasar. Espíritu de demonios de todos los tamaños y formas hablaban entre ellos. Delante de nosotros, un demonio grande les estaba dando órdenes a demonios pequeños. Nos paramos a escuchar y Jesús dijo, “Aquí también hay un ejército invisible de fuerzas malignas que no se ven aquí, demonios tales como espíritus malignos de enfermedad.” “Anda, le dijo el demonio grande a los duendes y diablos más pequeños. “Hagan muchas cosas malas, rompan los hogares y destruyan familias, seduzcan a los cristianos débiles, mal informen y extravién a todos los que puedan. Ustedes tendrán su recompensa cuando regresen. Acuérdense, que deben de tener cuidado de aquellos que genuinamente han aceptado a Jesús como su Salvador. Ellos tienen el poder para expulsarlos. Vayan por toda La tierra. Yo tengo muchos más de ustedes alli y tengo otros más por enviar. Acuérdense, somos sirvientes del príncipe de las tinieblas y de los poderes de los aires.” Entonces, las formas malignas comenzaron a volar hacia arriba y a salir del infierno. Puertas, en la parte alta de la pierna derecha del infierno se abrían y se cerraban rápidamente para dejarlos salir. Otros subieron y salieron del túnel en forma de embudo por el cual habíamos bajado. Voy a tratar de describirles la apariencia de estos seres malignos. El que estaba hablando era muy grande, del tamaño de un oso, de color marrón, con la cabeza como un murciélago y sus ojos estaban colocados bien adentro de su rostro velludo. De sus costados colgaban unos brazos velludos y de los cabellos de su cara salían colmillos. Otro era pequeño como un mono, con brazos bien largos y cabellos sobre todo su cuerpo. Su cara era pequeña y tenía una nariz puntiaguda. No pude ver los ojos en ninguna parte de su ser. Otra tenía una cabeza grande con orejas largas y un rabo largo, mientras que otro era grande como un caballo y tenía una piel suave. La visión de estos demonios y espíritus malos así como el olor terrible que salía de ellos, me enfermó del estómago. Donde quiera que viera había demonios y diablos. El mas grande de ellos, según me contó Jesús, estaba recibiendo órdenes directamente de satanás. Jesús y yo caminamos por el camino hasta que llegamos a otra fosa. Gritos de dolor, sonidos de dolores inolvidables, se escuchaban por doquier. Mi Señor, ¿qué viene después? yo pensé. Caminamos y pasamos directamente delante de algunos de los seres malignos (parecían que no nos veían) y nos paramos delante de otra fosa de fuego y azufre. En esta otra fosa había un hombre con un cuerpo grande. Lo escuché predicando el evangelio. Yo miré a Jesús espantada esperando que me diera una respuesta, pues El siempre conocía mis pensamientos. El me dijo, “Cuando este hombre estaba en la tierra, era un predicador del evangelio. En un tiempo habló la verdad y me sirvió.” Yo me preguntaba por qué razón este hombre estaba en el infierno. El era como de seis pies de alto y su esqueleto era de un color gris y sucio como una piedra sepulcral y partes de sus ropas todavía colgaban de él. Yo me preguntaba porque las llamas habían dejado estas ropas rotas y andrajosas y no las había quemado. Su carne en fuego colgaba de él y su cráneo también estaba en fuego. Un olor terrible emanaba de él. Vi como el hombre extendía sus manos como si estuviera cargando un libro y comenzaba a leer escrituras de un libro simulado. Otra vez, me acordé de lo que dijo Jesús: “Tu tienes todos tus sentidos en el infierno, y son más efectivos aquí.” El hombre leía escritura tras escritura, y yo pensé que eso era bueno. Jesús le dijo, con grande amor en su voz, “Paz, estad quieto.” Inmediatamente, el hombre dejó de hablar y se volvió lentamente para mirar a Jesús. Yo vi el alma del hombre dentro de su esqueleto. El le dijo al Señor, “Señor, ahora le voy a predicar la verdad a toda la gente. Ahora, Señor, estoy listo para ir y contarle a otros de este lugar. Yo se que cuando estaba en la tierra yo no creí que había un infierno, ni tampoco que tu venías otra vez. Esto era lo que la gente quería escuchar y yo comprometí la verdad con la gente de mi iglesia. Yo se que no me gustaba nadie que fuese de diferente raza, o color de piel y causé que muchos se apartaran de ti. Yo hice mis propias reglas sobre el cielo y sobre el bien y el mal. Yo se que dirigí a muchos hacia el mal y causé que muchos cayeran y se apartaran de tu Santa Palabra, y tomé dinero de los pobres. Pero, Señor, déjame salir, y haré lo correcto. No tomaré más dinero de La iglesia. Yo ya estoy arrepentido. Yo amo La gente de todas las razas y colores.” Jesús dijo: “No solamente distorsionaste y malinterpretaste la Santa Palabra de Dios, sino que mentiste al decir que no conocías la verdad. Los placeres de la vida fueron más importantes para ti que la verdad. Yo mismo te visité y traté de conseguir que regreses, pero tú no me escuchaste. Te fuiste por tu propio camino y la maldad era tu Señor. Tu conocías la verdad, pero no te arrepentías, ni regresabas a mi. Yo estaba presente todo el tiempo y te esperé. Yo quería que tú te arrepintieras, pero no lo hiciste. Y ya el juicio ha sido dado.” Había pena en el rostro de Jesús. Yo sabía que si el hombre hubiera escuchado el llamado del Señor, él no estaría aquí ahora. Oh, pueblo, por favor escuchen. Jesús le habló al descarriado otra vez: “Tu debiste haber dicho la verdad y así hubieras guiado a muchos hacia la justicia con la Palabra de Dios, que enseña que todos los incrédulos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre. Tú conocías el camino de la cruz. Tú conocías el camino de la justicia. Tú sabías que tenías que predicar la verdad. Pero satanás llenó tu corazón de mentiras, preferiste el pecado. Debiste haberte arrepentido con sinceridad y no a medias. Mi Palabra es verdadera. Esta no miente, y ahora es muy tarde, muy tarde.” Este hombre amenazó a Jesús con sus puños y lo maldijo, pero aún así Jesús exclamo: “Mi Padre, ten misericordia.” Con mucha tristeza, Jesús y yo caminamos hacia la próxima fosa. El predicador descarriado todavía seguía maldiciendo a Jesús en su íra. Mientras caminábamos por las fosas de fuego, las manos de los perdidos se extendían para tocar a Jesús, y le rogaban a gritos que tuviera misericordia. Sus manos y brazos de huesos estaban grises y negros del fuego— no había carne viva o sangre, u órganos, solamente la muerte. Yo lloraba por dentro, “Oh tierra, arrepiéntete. Si no lo haces vendrás a este lugar. Detente, antes de que sea muy tarde. Nos paramos en otra fosa. Sentía tanta pena y tristeza por todos ellos que estaba físicamente débil y casi no me podía parar. Tanto llanto me conmovió y dije “Jesús, me duele tanto en mi interior.” Desde la fosa una mujer le habló a Jesús. Ella estaba parada en el centro de las llamas, y éstas cubrían todo su cuerpo. Sus huesos estaban llenos de gusanos y carne muerta. Mientras las llamas se prendían a su alrededor, levantó sus manos hacia Jesús, gritando, “Sácame de aquí. Yo te doy mi corazón ahora, Jesús, ahora le contaré a otros de tu perdón. Yo testificaré de ti. Te ruego, por favor déjame salir.” Jesús dijo, “Mi palabra es verdad, y ésta declara que todos tienen que arrepentirse y dejar sus pecados, y pedirme que entre en sus vidas, si quieren escapar de este lugar. Por medio de mi sangre hay perdón de pecados. Yo soy fiel y justo y perdonaré a todos los que vienen a mí. Yo no los echaré fuera.” El dio la vuelta, miró a la mujer y dijo, “Si tu me hubieras escuchado y hubieras venido a mí arrepentida, yo te hubiera perdonado.” La mujer preguntó, “¿Señor, no hay manera de salir de aquí?” Jesús habló bien suavemente. “Mujer,” le dijo, “Se te dieron muchas oportunidades para arrepentirte, pero tu endureciste tu corazón y no lo hiciste. Y tú sabes que mi palabra dice que “todos los adúlteros tendrán su parte en el lago de fuego.” Jesús se dirigió a mi y dijo, “Esta mujer tuvo muchas relaciones pecaminosas con muchos hombres, y causó que muchos hogares se desbaratarán. Sin embargo, a pesar de todo eso, todavía la amo. Yo la busqué no para condenarla, sino para salvarla. Yo le envié muchos de mis siervos para que se arrepintiera de sus malos caminos, pero no quiso. Cuando era una mujer joven la llamé, pero ella continuó haciendo el mal. Ella hizo muchas cosas malas, sin embargo, yo la hubiera perdonado si hubiera venido a mi. Satanás entró en ella, y creció en amargura, y no quiso perdonar a otros. Ella iba a la iglesia solamente a buscar hombres, y los seducía. Si solamente hubiera venido a mi, sus pecados hubieran sido lavados por mi sangre. Parte de ella me quería servir, pero no podemos servir a Dios y a satanás a la misma vez. Cada persona tiene que escoger a quien va a servir.” “Señor,” yo grité, “dame fuerzas para seguir.” Yo estaba temblando desde mi cabeza hasta los pies debido a los horrores del infierno. Jesús me dijo: “Paz, estad quieta.” “Ayúdame, Señor.” grite. “Satanás no quiere que nosotros sepamos la verdad del infierno. En mis sueños mas atrevidos jamás pensé que el infierno fuera así. Querido Jesús, ¿cuándo terminará esto? “Mi hija,” respondió Jesús, “solamente el Padre sabe cuando vendrá el fin.” Después me habló otra vez y me dijo, “Paz, estad quieta.” Una gran fortaleza vino sobre mí. Jesús y yo caminamos por las fosas. Yo quería jalar del fuego a cada persona que pasaba y traerlos ligeramente a los pies de Jesús. Lloré mucho por dentro. Pensé dentro de mí, yo no quiero que mis hijos vengan jamás a este lugar. Al fin, Jesús se dirigió a mi y dijo calladamente, “Mi hija, iremos ahora a tu hogar. Mañana por la noche regresaremos a esta parte del infierno.” De regreso a mi hogar, lloré y lloré. Durante el día reviví el infierno y los horrores de todas las gentes que se encuentran allí. Durante el día les conté a todos acerca de lo que vi en el infierno. Yo les dije que el dolor del infierno es increíble. A los que están leyendo este libro, por favor, yo les ruego, arrepiéntanse de sus pecados, clamen a Jesús y pídanle que les salve, clamen a El hoy. No esperen hasta mañana. El mañana quizás no llegue. El tiempo se termina ligeramente. Caigan de rodillas y sean limpios de sus pecados. Sean buenos los unos con los otros. Por el bien de Jesús, sean bondadosos y perdónense los unos a los otros. Si está enojado con alguien, perdónenlo. No vale la pena ir al infierno por un enojo. Perdonen como Jesucristo nos perdona de nuestros pecados. Jesús es poderoso para sostenernos si es que tenemos un corazón arrepentido y dejamos que su sangre nos limpie de todo pecado. Amen a sus hijos y a su prójimo como así mismo. El Señor de la iglesia dice, “arrepiéntanse y sean salvos.” TU Futuro está en Tus Manos: Recibe a Jesús como tu Real Señor de Tú corazón y no mezcles con demonios religiosos tu vida. Todos los que hemos recibido a Jesús como nuestro Señor y Salvador, somos considerados Hijos de Dios. El que a mí viene dice Jesús...No le echo fuera. Pero si continuas tal como estás no alcanzarás la gloria de Dios que tanto deseas. Si no has hecho la oración de fe, ésta es tu oportunidad de decirle al único que te puede garantizar la vida eterna junto a él y no al lado de satanás. Di lo siguiente: Señor Jesús he pecado contra ti, contra el cielo y contra mi cuerpo que es templo del Espíritu Santo, te pido perdón y me arrepiento de todos mis pecados, límpiame e inscribe mi nombre en el libro de la vida. Renuncio desde hoy a todas esas prácticas religiosas que me han alejado de ti, heredadas de mis padres y antepasados, no la quiero más en mi vida. Quiero ser más como tú. No quiero rezar más, quiero orar a ti porque te necesito y así tu misericordia sea conmigo desde este momento. Gracias señor Jesús. Muéstrame la iglesia donde tu quiera que yo asista porque sólo quiero ser más como tú Señor. Dios te Bendiga y le doy gracias a Dios por la decisión que tomasteis, este es el tiempo que Dios a escogido para Ti. Te bendigo con paz, amor de Cristo y revelación del TodopoderosoJuan Quintero/ Director de www.panamae.com - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - Acerca de la Autora: Kathryn Baxter nació en Chattanooga, Tennessee. Fue criada en La casa de Dios. Desde muy joven su madre le enseñó acerca de Jesús y su salvación. Kathryn nació de nuevo a la edad de diecinueve años. Después de servirle al Señor por varios años, se alejó de sus caminos por un tiempo. El Espíritu del Señor no la soltó y ella regresó entregándole su vida al Señor nuevamente. Ella todavía le sirve fielmente. A mediados de los años sesenta, Kathryn se mudó con su familia a Detroit, Michigan, donde vivió por un tiempo. Después, se mudó para Belleville, Michigan, donde comenzó a tener visiones de Dios. Durante sus años en Michigan, estuvo bajo el liderazgo de los ancianos dentro de la familia de Dios permaneciendo fiel en todo. Los ministros, líderes y santos del Señor hablan con respeto sobre su ministerio. El movimiento del Espíritu Santo es enfatizado en todos sus servicios y han ocurrido muchos milagros en ellos. Las demostraciones de los dones del Espíritu se han manifestado en sus servicios, mientras el Espíritu de Dios la dirige. Kathryn ama al Señor con todo su corazón, mente, alma y fuerzas y su deseo primordial es el de alcanzar almas para Cristo. Ella esta casada con Bill Baxter desde hace más de 24 años. Ellos tienen cuatro hijos y seis nietos quienes la respaldan en el ministerio. Ella es una verdadera doncella dedicada al Señor. Su llamado es específicamente en el área de sueños, visiones y revelaciones. En 1983 ella fue ordenada como una ministra en la Iglesia de Dios del evangelio completo en Taylor, Michigan. Ella opera actualmente bajo la autoridad de La Iglesia de Dios Nacional en Washington, D.C. En 1976, mientras vivía en Belleville, Jesús se le apareció en forma humana, en sueños, visiones y revelaciones. Desde ese tiempo ella ha recibido muchas visitaciones del Señor. Durante esas visitas El le ha enseñado la profundidad, los grados, niveles y tormentos de las almas perdidas en el infierno. Ella también ha recibido visiones del cielo, el período de la gran tribulación y el fin de los tiempos. Durante un período de su vida Jesús se le apareció por cuarenta noches consecutivas. El le dijo que este mensaje es para todo el mundo. Se está planeando realizar una película en el futuro.
Para más de estos temas diríjase a: http://www.spiritlessons.com/Bill_Wiese_Spanish.htm
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