ESPERANZAS PARA LAS QUE SUFREN
Dirigida a todas las mujeres que
sufren todo tipo de atropellos y
humillaciones, y que por la
costumbre de aguantar, se callan
creyendo que es normal vivir
así, mas su rostro es fiel
reflejo de su vida rota, de su
angustia e impotencia.
Para todas vosotras, mujeres de
carne y alma herida; para todas
vosotras las que crees con toda
razón que no hay salida a
vuestras penas; hoy os traigo un
mensaje de esperanza. “Jehová es
mi luz y mi salvación; ¿de quién
temeré? Jehová es la fortaleza
de mi vida; ¿de quién he de
atemorizarme?”
Salmos 27:1
El mensaje, me lo trajo desde el
cielo, un ángel una tarde que yo
también moría de dolor, en mi
soledad infinita. Una voz
pequeña y dulce, me susurró al
corazón roto: “¡Levántate,
resplandece; porque ha venido tu
luz, y la gloria de Jehová ha
nacido sobre ti!”
Isaías 60:1
¡Levántate! ¿Me pides a mi?
¿Pero cómo puedo levantarme y
menos resplandecer, Señor? ¿No
ves que me han vencido? ¡no
tengo fuerzas ya! Respondí
herida. “¡Bástate mi gracia;
porque mi poder se perfecciona
en la debilidad”!
2 Corintios 12:9.
Resonó en mis oídos, y una dulce
calma tomó posesión de mi ser.
Me levanté obediente y pregunté
temblando: Padre mío, ¿qué va a
ser de mi vida? ¿Cómo saldré
adelante si me falta todo? Con
inmensa paciencia me contestó:
“Tu, pues hija mía, esfuérzate
en la gracia que es en Cristo
Jesús”,
2 Timoteo 2:1
A través de la niebla de la
incertidumbre, busqué tu rostro,
oh Dios mío y Salvador mío. Y
sentí tu mano sobre mi cabeza,
dándome una tierna seguridad y
diciéndome: “Esfuérzate y sé
valiente”
Josué 1:6
Señor, ¿cómo puedo ser valiente
si tengo tantos retos a los que
enfrentarme y no sé cómo? No
puedo más, mi fe parece muerta.
He llorado tanto, que no tengo
fuerzas. Quedamente, me volviste
a recordar: “Mira que te mando
que te esfuerces y seas
valiente; no temas ni desmayes,
porque Jehová tu Dios estará
contigo en dondequiera que
vayas”
Josué 1:9
Señor, tú sabes las veces que
protesté en mi desesperación y
te decía: ¡No es justo lo que me
está pasando! Mi corazón estaba
lleno de resentimiento y de
envidia; más tú, me enseñaste
con amor: “Encomienda a Jehová
tu camino, y confía en él; y él
hará. Exhibirá tu justicia como
la luz, y tu derecho como el
mediodía. Deja la ira, y desecha
el enojo; no te excites en
manera alguna a hacer lo malo”
Salmos 37:4-6,8
¡Padre! ¿Por qué me has probado
como a Job? Me has quitado todo
y aún lo que más quería y
valoraba en la vida.... mis
hijas, me rechazan. Aún suenan
en mis oídos las palabras de
aquel funcionario diciéndome:
“¿Cómo, sus hijas no se van con
usted? ¡Qué clase de madre habrá
sido para que la dejen sola!”
Entonces recordé las palabras de
Job: “Desnudo salí del vientre
de mi madre y desnudo volveré
allá. Jehová dio y Jehová quitó;
sea el nombre de Jehová bendito”
Job 1:21
¿Qué quieren de mi? ¡No puedo
más, Señor, el dolor me mata!
Clamé en mi angustia; y Él
contestó, como el sol
resplandece en un nuevo día:
“Porque yo Jehová soy tu Dios,
quien te sostiene de tu mano
derecha, y te dice no temas, yo
te ayudo”
Isaías 41:13
Me convertí en mujer de dolores,
la sonrisa se esfumó de mi
rostro; nadie quería estar cerca
de mi, por temor a mis lágrimas
y mi queja. Sólo tus promesas,
oh Dios, me sostuvieron durante
los cuatro años de calvario y
soledad vividos. Mi madre
continuamente me recordaba tu
promesa: “Clama a mi, y yo te
responderé, y te enseñaré cosas
grandes y ocultas que tu no
conoces”
Jeremías 33:3
Por fin, un día caí de rodillas
y con tu diestra sobre mi
cabeza, te confesé todos mis
pecados y de corazón te pedí
perdón y te declaré mi miseria e
impotencia. Y tú, oh Dios,
tuviste misericordia de mi y me
levantaste de mi sufrimiento
convertida en un pequeño poeta,
que encontró la luz de la
esperanza, cantando primero a
las penas y frustraciones, y
luego a la vida; y dándote
gracias porque: “Si confesamos
nuestros pecados, Él es fiel y
justo para perdonar nuestro
pecados y limpiarnos de toda
maldad”
1 Juan 1:9
La convicción del perdón y de la
restauración de una nueva vida,
me dio alas como las águilas, y
me elevé a las alturas
resucitando de mis cenizas. Me
devolviste a mis hijas, alegría
de mi vida, y proveíste el techo
para cobijarme. Por lo tanto, oh
Padre mío, te alabaré y
glorificaré mientras viva,
porque tu me libraste de la
muerte, de las tinieblas y de la
amargura. Por eso cantaré:
“Cantad salmos a Jehová, porque
ha hecho cosas magníficas; sea
sabido esto por toda la tierra”
Isaías 12:5
Verdaderamente, el Señor es
poderoso para librarnos de todo
pecado. De todo dolor. De todo
fracaso. Él es el único que
puede transformar nuestras
vidas: de la muerte a la vida,
de la desesperanza a la
esperanza, de las tinieblas a la
luz, Solo tenemos que confiar en
Él con todo el corazón: “El día
que clamé, me respondiste; me
fortaleciste con vigor en mi
alma”
Salmos 138:3
Él hace milagros, Él puede
salvar, Él puede hacer lo
imposible, posible; pero todo
esto se hace realidad en el
tiempo del Señor y según su
voluntad; y sobre todo dejando
que Dios borre el pasado y nos
restaure: “No os acordéis de las
cosas pasadas, ni traigáis a
memoria las cosas antiguas”
Isaías 43:18
Soy afortunada, porque el Señor
me guardó siempre, y aunque
estuve herida por un tiempo, mi
Padre bendito me sostuvo y cuidó
de mi. “Jehová te pastoreará
siempre, y en las sequías
saciará tu alma, y dará vigor a
tus huesos; y serás como huerto
de riego, y como manantial de
aguas, cuyas aguas nunca faltan”
Isaías 58:11
Una cosa importante aprendí a
través de la prueba, que sólo el
Señor nos capacita para aceptar
las pruebas, y nos da la
victoria sobre la adversidad;
pero sobre todo por su gracia,
nos capacita para amar y
perdonar. Es un don precioso que
debemos buscar: “El amor es
sufrido, es benigno; el amor no
tiene envidia, el amor no es
jactancioso, no se envanece; no
hace nada indebido, no busca lo
suyo, no se irrita, no guarda
rencor; no se goza de la
injusticia, mas se goza de la
verdad. Todo lo sufre, todo lo
cree, todo lo espera, todo lo
soporta. El amor nunca deja de
ser....”
1 Corintios 13:4-8
Hoy soy una mujer nueva que
camina al encuentro de su Señor,
y mientras hago el camino, voy
aprendiendo a servirle y a
amarle mejor. ¿Fui una mujer
maltratada? Solo Dios sabe la
verdad. ¡Hoy, soy feliz! ¡Cristo
me salvó para Él!
Maria Estrada
Revista Nuestra Labor
Si
no has hecho la oración de fe,
ésta es tu oportunidad de
decirle al único que te puede
garantizar la vida eterna y una
prosperidad permanente, lo
siguiente: Señor Jesús he
pecado contra ti, contra el
cielo y contra mi cuerpo que es
templo del Espíritu Santo, te
pido perdón y me arrepiento de
todos mis pecados, límpiame e
inscribe mi nombre en el libro
de la vida.
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te
fortalezcas
en el
Señor
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